Sunday, December 31, 2006

PSICOLOGIA ANTROPOSOFICA

Rudolf Steiner
Rudolf Steiner
y la Psicologia Antroposófica


Cuenta Steiner en su autobiografía que estaba completamente seguro de que en nuestro tiempo la experiencia vidente del mundo espiritual tenía que vivirse en el alma consciente. Captaba un conocimiento espiritual antiguo de la humanidad que tenía carácter de ensueño. Se percibían imágenes del mundo espiritual que no eran desarrolladas por la voluntad cognoscitiva con plena claridad del pensamiento, ya que entraban en el alma como ensueños enviados desde el cosmos.

Este antiguo conocimiento se perdió en la edad media.

La misión del conocimiento en la actualidad es acercarse al mundo espiritual con una conciencia enteramente despierta. Afirma Steiner que en la Sociedad Teosófica no comprendieron esta nueva forma de conocimiento del espíritu, en la que reinaba una antipatía al respecto, una de las causas de su alejamiento de la misma.

Por medio de múltiples procesos de imaginación, inspiración e intuición fué Steiner poco a poco adentrándose en el mundo del espíritu, lo cual iba reflejándose en sus libros y escritos.

De 1901 a 1908 se encontraba con todas sus fuerzas anímicas bajo la impresión de los seres y los hechos que venían hacia él desde el mundo espiritual; no obstante, siempre quiso hacer justicia al método científico reconocido, adaptando las verdades descubiertas a la observación del mundo sensible y a los resultados de la ciencia física.

Tras el estudio de lo que proviene de la observación de los fenómenos físicos las ideas adquieren una vida interior independiente al liberarse de los sentidos, y entonces nos percatamos de dichas ideas liberadas, que viven y tejen en el alma, vivenciándolas al igual que vivenciamos los colores, sonidos y demás sensaciones.

En las ciencias naturales no se da por concluido un conocimiento hasta finalizar todos los experimentos y observaciones necesarias, y hasta completar los cálculos y datos con exactitud. Según Steiner, la investigación espiritual, al principio, es algo borroso y opaco, ya que la conciencia aún no tiene el poder de aprehender el contenido espiritual de las visiones. El alma, en sus profundidades espirituales, debe convivir en el mundo espiritual sin el estorbo de la conciencia.

En la ciencia espiritual se precisan la misma rectitud de conciencia y metódica disciplina del conocimiento que en las ciencias naturales. Por ello Steiner propugna examinar la conciencia en cuanto a su relación con la verdad a conocer, y saber esperar con paciencia, tenacidad y justeza hasta que se pase el examen de la conciencia, que entonces debe haber fortalecido su capacidad conceptual lo suficiente para introducir en ella la videncia sometida a prueba.

Dicho de otra forma: Hay que acercarse con paciente espera a una observación espiritual, y tras lograr la madurez de la conciencia, es necesario movilizar las ideas para introducir dicha observación visualizada en el dominio del conocimiento humano

Para Steiner estaba claro que la evolución no era algo supeditado a meras leyes orgánicas y mecanicistas, sino algo conducido por jerarquías espirituales, desde los seres vivos mas simples pasando por los mas complejos, hasta llegar al hombre.

Relata Steiner como, mas tarde, llegó a la percepción imaginativa de que en los tiempos primitivos existió una esencialidad distinta de los organismos simples, teniendo conciencia de que el hombre como ente espiritual es mas antiguo que todos los demás seres vivos, y que tuvo que separase del ser cósmico que le contenía, junto con los otros organismos, para tomar su configuración física actual.

Los otros organismos son residuos de la evolución humana: no produjeron ellos al hombre, sino que éste los dejó atrás para poder formar su figura física como expresión de su ser espiritual. De esta forma pudo Steiner lograr el conocimiento del hombre como ser macrocósmico, que encierra en sí todo el restante mundo terrenal, separándolo luego de su entidad para transformarse en microcosmos.

Al trascender los pensamientos abstractos comunes hacia las percepciones espirituales, el hombre vive en una realidad alejada de la conciencia común. La percepción espiritual percibe al Espíritu al igual que los sentidos perciben a la Naturaleza.

A los 22 años se encontraba ante una percepción que no dependía de un oscuro sentimiento místico, sino que se desarrollaba en una actividad mental comparable, por su transparencia, con el pensamiento matemático. Tenía plena fe en la esencia espiritual del mundo frente a las razones materialistas, que, presuntamente, derivaban de las ciencias naturales. Según manifiesta, ya de joven tuvo que reunir todos sus conocimientos para refutar los argumentos extraídos del pensar materialista contra la concepción espiritual del mundo.

Steiner veía en el alma del pueblo un verdadero ser espiritual que vive en la comunidad de las personas individuales que pertenecen a dicho pueblo.

En esa época Steiner era contrario a detenerse en contemplaciones filosóficas; lo que deseaba era interpretar correctamente los fenómenos naturales, por lo que sintió la necesidad de profundizar en el estudio de las ciencias naturales, en especial en Anatomía y Fisiología.

Contemplando espiritualmente las manifestaciones del alma (pensar, sentir y querer) se formaba en él un cuadro vivo del “ser espiritual del hombre”: veía fuerzas creadoras que evocaban al “hombre como espíritu”. La manifestación sensorial del ser humano se le completaba, entonces, con la forma espiritual que percibía en el mundo sensible; la Anatomía y Fisiología le conducían hacia esa forma sensible-suprasensible, comprendiendo que la verdadera concepción de la Naturaleza y del espíritu percibe dicha forma como intermedia entre los seres sensoriales y los espiritualmente perceptibles.

Ante el alma de Steiner surgía la idea de un mundo sensible sediento de espíritu, anhelante de belleza y verdad. Comprendía que dicho mundo sensible no era la verdadera realidad: el alma humana aparece como verdadera realidad cuando activa un pensar que se despliega en una actividad libre que se eleva por encima del mundo sensible. En este pensar “independiente de los sentidos” el alma se encuentra en la esencia espiritual del mundo. Para Steiner no existen límites al conocimiento: la verdadera realidad debe buscarse en el interior del ser humano.

El hombre, al nacer, entra en la existencia terrenal y, al evolucionar, desarrolla el conocimiento del mundo. En primer lugar se le abre la percepción sensorial, que no abarca todo el contenido del mundo, creando una imagen ilusoria del mismo; con el pensar independiente de los sentidos, afirma Steiner, la ilusión se impregna de realidad, y deja de ser ilusión. El Espíritu humano que se auto experimenta en su alma encuentra entonces el espíritu del mundo que ya no se oculta detrás del mundo sensible, sino que vive y despliega su esencia en él.

A la edad de 30 años, quería mostrar, sobre todo, que la esencia de la naturaleza del mundo sensible es verdaderamente espiritual, es Espíritu.

Veía al místico como a alguien que no se puede orientar en el mundo de las ideas (en el que vive el espíritu). Le parecía señal de pobreza espiritual el querer sumergirse en el alma carente de ideas, para lograr la satisfacción anímica. Pensaba que se puede llegar a la misma forma de vivencia interior si uno se sumerge profundamente en el alma con pleno y claro contenido del mundo de las ideas.

Su concepción del mundo se basaba en una vivencia mística de las ideas, pudiéndose llegar a lo espiritual por el camino del conocimiento. La confluencia de la verdadera realidad del mundo exterior, con la verdadera realidad en el interior del alma, sólo se logra, para la conciencia cognoscitiva, mediante una intensa actividad espiritual del alma.

Es la etapa de la vida de Steiner en la que escribe su "Filosofía de la Libertad", o filosofía de la actividad espiritual, basada en la experiencia que consiste en el entendimiento de la conciencia consigo misma. Intenta demostrar que la libertad se ejercita en la voluntad, se vivencia en el sentir y se conoce en el pensar. Los pensamientos reciben la vivencia y se asemejan a la vivencia exterior sensorial del mundo; entonces ya no se hace distinción entre la cognición de la Naturaleza y la del Espíritu (que es la metamorfosis de la Naturaleza).

En una disertación sobre la "Fantasía como creadora de la Cultura" Steiner manifiesta que la fantasía es la puerta por la cual las entidades espirituales creadoras penetran en la evolución de las culturas a través de los hombres.

Una parte de la fantasía se desarrolla en la vida de los sueños: las impresiones sensorias de la vida amortiguada en la conciencia onírica, se transforman en cuadros alusivos de la vida de vigilia. Los procesos corporales internos se presentan en imágenes simbólicas. Al soñar, la conciencia está semiamortiguada, se hunde en la realidad físico-sensoria y contempla allí el predominio de lo espiritual sobre la existencia sensible. En la fantasía el alma se eleva por encima del estado de conciencia común. La conciencia no llega hasta la visión del mundo espiritual, pero lo vivencia en cuadros basados en el mundo sensible. Las creaciones de la fantasía se convierten en producciones del mundo espiritual, sin que éste penetre en la conciencia del hombre.

Según Steiner, es uno de los caminos que toman las entidades espirituales para trabajar en la evolución de la vida.

El hombre capta la parte física de la realidad por medio de los sentidos, y la parte espiritual "desde dentro" por la percepción espiritual. Todo lo que se experimenta, afirma, aparece entonces como un único mundo en el cual lo sensible representa el espíritu, y el espíritu se revela creador en lo sensible. Para Steiner, la esencia del "mundo exterior" se percibe siempre cuando uno puede entregarse a ella con amor, aunque deba volver siempre al mundo interior del espíritu. Así se aprende a vivir verdaderamente en lo espiritual.

Steiner llega a una concepción de la Naturaleza que quiere explicar la evolución del mundo ignorando su contenido espiritual-moral.

El pensamiento se basa sobre la hipótesis del origen puramente material del mundo, siendo entonces lo espiritual-moral resultado de la obra de la naturaleza. Su concepción espiritual enseña, al contrario, que por encima del acontecer natural y de la ética espiritual existe una verdadera realidad que se manifiesta moralmente, y que la actividad moral también tiene el poder de transformarse en un acontecer que se desarrolla como acontecer natural.

Detrás del mundo sensible no existe algo desconocido, sino que dentro de él se haya el mundo del espíritu, n el que se fundamenta el mundo humano de las ideas. Para Steiner, la meta del proceso cognoscitivo es lograr la vivencia consciente del mundo espiritual, ante la cual todo deviene espíritu.

En su "Filosofía de la Libertad", busca encontrar el espíritu mediante la ampliación de la conciencia, cómo en la experiencia subjetiva se enciende la luz del espíritu, que el mundo sensible es esencialmente espiritual, y que el hombre, como ser anímico vive y se desenvuelve en un elemento espiritual por medio de la verdadera cognición del mundo sensible.

De igual forma que el hombre experimenta los colores, sonidos, etc. en su vivencia consciente, también puede vivenciar ideas puras, independientes de toda percepción exterior y con vida propia. Y en estas ideas se encuentra el verdadero espíritu.

En ellas se ilumina la naturaleza entera ante el conocimiento, la materia aparece entonces como mera ilusión o apariencia, y todo ser físico se descubre como espíritu. Debido a la experiencia espiritual que se abría a la videncia inmediata que Steiner poseía, según relata, veía la Naturaleza como espíritu y su afán era el crear una ciencia natural acorde con el espíritu.

Para lograr una real vivencia de lo espiritual es necesario desarrollar las fuerzas cognoscitivas de la imaginación, inspiración e intuición, tal como enseña de forma práctica en su libro “¿Cómo se adquiere el conocimiento de los mundos superiores?, pero señala que la primera chispa de la revelación espiritual que surge en el hombre que se sabe libre, llega de la “fantasía”, que alejada de lo fantasioso, se convierte en imagen de la realidad espiritual.

Alrededor de los 35 años, comenzó a operarse un profundo cambio en su alma, caracterizado porque su poder de observación de las cosas, los seres y procesos del mundo físico adquirió mayor penetración y exactitud, tanto para la vida exterior como para las ciencias.

Con anterioridad, su alma asimilaba sin esfuerzo las cuestiones científicas asequibles a la comprensión espiritual, pero la percepción sensorial y la memorización le costaba grandes esfuerzos. Se despertó en él una atención, antes desconocida, para la percepción sensorial. El mundo espiritual y el sensible se le presentaron entonces, en su total contraste, delante del alma: comprendió que el mundo entero, fuera del hombre, es un enigma, y que la solución está en el hombre mismo.

El conocimiento llegó a ser para Steiner un factor que no pertenecía únicamente al hombre, sino también al ser y a la evolución del mundo. El hombre no es el ser que "crea" el contenido del conocimiento para si, sino que él ofrece en su alma el escenario en el cual el mundo vivencia, en parte, su existencia y su devenir.

El conocimiento que vive en el alma humana debe ser tan lúcido y claro como lo son, a su modo, los objetos y procesos físicos. En la vida del alma de Steiner surgió, como necesidad existencial, algo que exigía la meditación, de capital importancia para el conocimiento del mundo espiritual. En el ejercicio de la meditación, nacida de una real necesidad espiritual de la vida, se desarrolla progresivamente, según Steiner, la conciencia de un "hombre espiritual interior", que puede vivir, percibir y moverse totalmente desprendido del mundo físico.

El modo de pensar materialista mira la materia y no percibe que, en realidad, está ante el espíritu que aparece solamente en la forma material. No sabe que el espíritu se transforma en materia, para lograr las maneras de obrar que sólo son posibles en esta transformación. Devela Steiner que el espíritu debe adoptar peimero la forma del cerebro material para conducir en él la vida del mundo intelectual, que confiere al hombre la autoconciencia, gracias a la cual puede obrar con libertad en su vida terrenal.

En el cerebro el espíritu emerge de la materia, pero sólo después de que el cerebro físico haya surgido del espíritu. Lo que aparece en el hombre como espíritu, y subyace en la naturaleza, no es espíritu ni naturaleza, sino completa unidad de ambos, espíritu creador, que creando, engendra la materia, y que debido a ello es, al mismo tiempo, materia que se muestra totalmente como espíritu.

Publicado por la Sublime Aghartha Sangha

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Monday, December 25, 2006

Oh, Alma Humana, Conocete a ti mismo!

Steiner en 1923
Rudolf Steiner

¡Alma humana!
Tú vives en los miembros
que por el mundo del espacio
te llevan al ser de los mares del espíritu:
Ejercita el recordar espiritual
en lo hondo del alma
donde, en el imperante
Ser creador de los mundos
se genera
el propio yo
en el Yo de Dios;
y de verdad vivirás
en la esencia cósmico-humana.

¡Alma humana!
Tú vives en el latir del corazón y del pulmón
que, a través del ritmo de los tiempos,
te conduce al sentir de la propia esencia anímica:
Ejercita el contemplar espiritual
en el equilibrio del alma,
donde las fluctuantes
acciones del devenir de los mundos
unen
el propio yo
al Yo cósmico;
y de verdad sentirás
en el actuar anímico humano.

¡Alma humana!
Tú vives en la cabeza en reposo
que, desde los fundamentos de la eternidad,
te revelan los pensamientos cósmicos:
Ejercita la visión espiritual
en la calma del pensar
donde los eternos fines de los dioses
donan luz de esencia cósmica
al propio yo
para su libre voluntad;
y de verdad pensarás
dentro de los fundamentos espirituales humanos.

Diciembre 25, 1923


Nativitas

Mis queridos amigos:

Si hoy miro atrás precisamente hacia aquello que se ha podido traer de los mundos espirituales mientras las violentas borrascas de la guerra azotaban al mundo, no puedo menos que resumirlo paradigmáticamente en esta triplicidad de versos que acabáis de escuchar.

La estructura tripartita del ser humano por la que el hombre en su entidad de espíritu, alma y cuerpo puede dar vida de forma renovada a las palabras “Conócete a ti mismo”, esta estructura triformada pudo ser percibida ya desde hace décadas. Yo mismo solo pude llevarla a su madurez durante la última década de los años tormentosos de la guerra. Entonces intenté esbozar cómo el hombre vive también físicamente en su sistema metabólico y de los miembros, en su sistema rítmico del corazón y en su sistema pensante y perceptivo de la cabeza.

Y podemos estar convencidos de que el hombre que acoja correctamente en sí esta triformación, como hemos indicado ayer, vivificando su corazón con Antropo-Sofía, podrá aprender a conocer, a través de su sentimiento y su voluntad, qué es lo que está haciendo en realidad cuando se coloca con sus miembros en las amplitudes del espacio, vivificado por los espíritus cósmicos. Y así, al comprender el mundo, no de forma sufriente o pasiva, sino captándolo activamente, al cumplir con sus obligaciones, tareas y su misión en el mundo, llegará a conocer la esencia del omniabarcante amor humano y cósmico, que forma parte de la entidad total de los mundos como uno de sus miembros.

Y podemos estar convencidos de que el ser humano que conozca el misterio maravilloso que obra entre el pulmón y el corazón, en el que se expresa de forma perceptible desde el interior cómo los ritmos cósmicos que actúan a lo largo de milenios, de eones, entran en oleadas en el ritmo del pulso y de la sangre para despertar al hombre dotándolo de alma desde el cosmos, si conoce esto con el corazón como órgano de conocimiento lleno de sabiduría, entonces cabe esperar que el hombre pueda llegar a saber cómo las imágenes cósmicas de procedencia divina desde sí mismas revelan al cosmos con fuerza creadora.

E igual que el imperante amor cósmico se capta por medio del propio movimiento en que actúa, las imágenes primigenias del ser de los mundos se captarán sintiendo en el propio interior la transición misteriosa entre el ritmo cósmico y el ritmo del corazón y, a través de ellos, a su vez, el ritmo humano que se desarrolla misteriosamente en lo anímico-espiritual, entre el pulmón y el corazón. Y si el ser humano llega a percibir correctamente a través de su sentir lo que se revela en su sistema de la cabeza, que reposa sobre los hombros aún cuando está moviéndose, al sentirse en su sistema de la cabeza y verter en él el calor del corazón, llegará a tener la vivencia de los pensamientos cósmicos que reinan, obran y tejen en su propia entidad.

Así podrá comprender esta trinidad de todo ser: el amor cósmico que reina en el amor humano, la imaginación cósmica que reina en la configuración de la organización humana, y los pensamientos cósmicos que reinan misteriosamente por debajo de los pensamientos de la humanidad. Al comprender esta triformación, se conocerá a sí mismo como ser humano individualmente libre en el imperante obrar divino del cosmos, como hombre cósmico, como hombre individual dentro del hombre cósmico, actuando como hombre individual dentro del hombre cósmico para el futuro de los mundos. Y así, desde los signos del presente renovará las antiguas palabras: “¡Conócete a ti mismo!”.

Para los griegos, aún era suficiente decir así, ya que la percepción del hombre de sí mismo no era algo tan abstracto como entre nosotros, donde se concentra en el punto abstracto del yo, o, como mucho, en el pensar, sentir y querer. Los griegos tenían la concepción de la naturaleza humana como un todo de espíritu, alma y cuerpo. Por eso, tenían ante ellos al hombre en su integridad, en espíritu, alma y cuerpo, cuando resonaba esta antiquísima palabra solar, la palabra de Apolo: “¡Conócete a ti mismo!”.

Mas si nosotros queremos renovar estas palabras según lo requieren los signos de nuestro tiempo, tenemos que decir: ¡Oh Alma humana, conócete a ti misma en tu entretejer esencial en espíritu, alma y cuerpo!”. Entonces habremos comprendido lo que subyace en toda entidad humana. Tenemos la sustancia cósmica, en la que actúa, se manifiesta y vive el Espíritu que fluye desde las alturas y se revela en la cabeza humana; la fuerza del Cristo que obra en todo el ámbito circundante, que teje con los aires, y al circular alrededor de la tierra, actúa y vive en nuestro sistema respiratorio; y reconocemos también las fuerzas que ascienden de las profundidades desde el interior de la tierra y que actúan en nuestros miembros.

Y si en este momento reunimos estas tres fuerzas –las fuerzas de las alturas, las fuerzas de la periferia y las fuerzas de las profundidades- en una sola sustancia configuradota, entonces en nuestra concepción anímica podremos colocar el dodecaedro humano frente al dodecaedro cósmico. Y a partir de estas tres fuerzas, el Espíritu de lo alto, la fuerza del Cristo en la periferia y la actividad creadora del Padre que emana de las profundidades, en ese momento querremos formar en nuestras almas la Piedra Fundacional dodecaédrica para sumergirla en el fondo de nuestras lamas, para que esté presente como vigorosa señal sobre fundamentos sólidos de nuestro ser anímico, y así, en el futuro de la actuación de la Sociedad Antroposófica podamos apoyarnos en esta firme Piedra de fundación.

¡Que siempre nos mantengamos conscientes de esta Piedra Fundacional para la Sociedad Antroposófica que hoy hemos formado! Guardemos bien el recuerdo de esta Piedra Fundacional que hoy hemos sumergido en el fondo de nuestros corazones, en todo lo que queramos hacer, tanto fuera como aquí, para fomentar, desarrollar y llevar a su pleno despliegue la Sociedad Antroposófica. Busquemos la sustancia del amor cósmico, que es nuestro fundamento, en el hombre triformado, que nos enseña el amor, nos enseña la imaginación cósmica y los pensamientos cósmicos. ¡Busquemos en este hombre la protoimagen de la imaginación, según la cual formamos el amor cósmico en nuestro corazón, y busquemos la fuerza del pensamiento que proviene de las alturas, para que esta formación dodecaédrica imaginativa de amor resplandezca como le corresponde!

Entonces podremos llevarnos de aquí lo que necesitamos. Entonces brillará esta Piedra Fundacional que toma su sustancia del amor cósmico-humano, su carácter de imagen de la imaginación cósmico-humana y su luz resplandeciente de los pensamientos cósmico-humanos; una luz que en cualquier instante, si recordamos estos momentos, puede irradiar hacia nosotros con calidez, pero animando nuestra acción, nuestro pensar, sentir y querer.

Y el suelo adecuado en el que hemos de colocar la Piedra Fundacional de hoy, el verdadero suelo, lo constituyen nuestros corazones en su armónica colaboración, en su buena voluntad, impregnada de amor, para llevar conjuntamente el querer antroposófico a través del mundo. Y así, en cualquier momento podrá brillar a nuestro encuentro, como una advertencia, la luz de pensamientos que irradia de la piedra dodecaédrica de amor que hoy queremos sumergir en nuestros corazones.

Mis queridos amigos, esto es lo que queremos acoger realmente en nuestra alma. Con ello queremos dar calor a nuestra alma, con ello queremos iluminar nuestra alma. Y queremos custodiar este calor anímico y esta luz anímica que hoy hemos implantado en nuestros corazones desde la buena voluntad.

Y los implantamos, mis queridos amigos, en un momento en el que el recordar humano que realmente entiende el mundo se dirige hacia aquel punto de la evolución humana donde en la transición de los tiempos, desde las nieblas de la noche y desde la oscuridad del sentir moral humano, irrumpió como luz desde el cielo y nació el ser divino que se convirtió en el Cristo, el Ser de Espíritu que entró en la humanidad.

Y la mejor forma de dar vigor a este calor anímico y a esta luz anímica que necesitamos, es vivificarlos con aquel calor y con aquella luz que, en la transición de los tiempos, irradió como la Luz de Cristo en la oscuridad de los mundos. Ahora queremos vivificar esta Navidad prístina que tuvo lugar hace dos milenios, en nuestro corazón, en nuestro sentido y en nuestra voluntad, para que nos ayude cuando queramos llevar al mundo lo que irradia hacia nosotros por la luz de pensamientos de la Piedra dodecaédrica de amor, formada a imagen del cosmos y trasladad ahora a lo humano.


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Friday, December 22, 2006

EVOLUCION ESPIRITUAL

Joven Rudolf Steiner
Joven Rudolf Steiner


Rudolf Steiner (1861-1925), Funda la Antroposofía o Ciencia del Espíritu, adquisición y perfeccionamiento del conocimiento del mundo espiritual, para su transmisión a la humanidad como imperiosa necesidad de la época actual, mediante el desarrollo consciente de las facultades que "dormitan en el interior de cada ser humano" y que han de ser adquiridas en un esfuerzo consciente.

Las biografías y escritos sobre la vida y la obra de Steiner coinciden en señalar que, además de ser filósofo, teólogo, pedagogo, autoridad en Goethe, experto en agricultura, dramaturgo, innovador artístico y Arquitecto, disciplinas en cada una de las cuales merece ser reconocido su prestigio, podía percibir el mundo espiritual que existe detrás del mundo físico, motivo por el que posiblemente fue menospreciada su ingente obra (unos 40 libros y mas de 6000 conferencias), en una época primordialmente caracterizada por un fuerte materialismo cientificista, como es la correspondiente al último tercio del siglo XIX y principios del XX.

La obra de Steiner está encaminada a que los que se introducen en la misma desarrollen nuevas facultades anímicas mediante un trabajo personal interior, al menos ese era su propósito, en una actitud, no de aceptación o rechazo, sino libre de prejuicios para la recepción de las revelaciones del mundo espiritual, con mente y corazón abiertos, vivificándolas en los pensamientos y sentimientos.

Quienes lo conocieron personalmente dan testimonio que fue un hombre de gran bondad y amabilidad, siempre dispuesto a ayudar a sus semejantes y al servicio de la humanidad, carente de arrogancia y orgullo, un auténtico iniciado moderno al servicio del Cristo.

Según manifiesta, ya en su infancia distinguía entre cosas “que se ven” y cosas que “no se ven”, sentía que debía acercarse a la Naturaleza a fin de encontrar la correcta posición del mundo espiritual, del que tenía una percepción congénita. Afirma que, ya desde niño, vivía en el mundo espiritual como la cosa mas natural del mundo, teniendo en cambio que esforzarse muchísimo en todo lo referente al conocimiento del mundo externo, en el que tuvo un desarrollo muy lento. En su juventud pensaba que sólo podía tener certeza de la experiencia del mundo espiritual por medio del alma, si con su pensar podía penetrar hasta la esencia de los fenómenos naturales.

Con la lectura de la “Crítica de la razón pura” de Kant, quiso llegar, en su espíritu juvenil, a comprender cómo la razón humana puede adquirir una verdadera concepción sobre la esencia de las cosas, desarrollando una forma de pensar con claridad, sin dejarse influenciar por sentimientos indefinidos.

Ya entonces sentía que el pensar podía ser desarrollado como una fuerza que capta realmente las cosas y procesos del mundo, y con ello intentar demostrar que era real lo espiritual que obraba en el pensar humano. A través del estudio de las ciencias naturales quería penetrar en la Naturaleza, partiendo de la contemplación de la actividad del propio Yo humano, para lograr un verdadero conocimiento.

Tenía la certeza de la existencia de un mundo de seres espirituales y la clara visión de que el Yo, que es también espíritu, vivía en un mundo de espíritus, y que mediante un trabajo consciente podía expresar sus “videncias” del mundo espiritual en forma de "pensares".


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